Ibagué

Una despedida anunciada

La salida de Carlos Hernando Enciso de la Presidencia Ejecutiva de la Cámara de Comercio de Ibagué cierra una etapa marcada por cuestionamientos sobre su protagonismo político, las controversias administrativas, el ambiente laboral y una deuda pendiente con los empresarios que esperan mayor acompañamiento de la institución.

La salida de Carlos Hernando Enciso de la Presidencia Ejecutiva de la Cámara de Comercio de Ibagué pone punto final a una administración que deja preguntas incómodas sobre el rumbo de una de las instituciones gremiales más importantes del Tolima. Su partida abre la oportunidad de revisar lo ocurrido durante su gestión, evaluar los resultados alcanzados y establecer por qué, para distintos sectores que cuestionaban su dirección, el relevo parecía una decisión que se había demorado demasiado.

Desde su llegada en 2024, la gestión de Enciso estuvo acompañada de cuestionamientos sobre el protagonismo público de la dirección y la capacidad de traducir esa exposición en beneficios concretos para el tejido empresarial. Mientras las discusiones internas y las tensiones alrededor de su continuidad ocupaban espacios en la conversación pública, los empresarios seguían esperando respuestas sobre el alcance real del acompañamiento que reciben de la entidad.

Más cerca del poder que de los empresarios

Uno de los aspectos más cuestionados de la administración de Carlos Hernando Enciso fue la imagen pública que proyectó durante su paso por la Cámara de Comercio de Ibagué. Sus apariciones frecuentes en fotografías junto a la gobernadora del Tolima y la alcaldesa de Ibagué contrastaban con la visibilidad que tenían los empresarios, especialmente los pequeños comerciantes, en el centro de la agenda institucional.

La crítica no está en que la Cámara mantenga relaciones con los gobiernos departamental y municipal. Por el contrario, la articulación entre las instituciones públicas y el sector privado es necesaria para impulsar el desarrollo regional. El problema aparece cuando la exposición junto a los gobernantes parece ocupar más espacio que la representación visible de quienes constituyen la razón de ser de una entidad gremial.

Mientras las fotografías con las principales figuras políticas se convertían en una constante de la imagen pública de la administración, muchos empresarios seguían esperando un acompañamiento más cercano, oportunidades concretas para sus negocios y una Cámara que no se limitara a convocarlos para determinadas actividades, sino que conociera sus dificultades y trabajara de manera permanente para ayudarlos a superarlas.

La pregunta resulta inevitable: ¿la misma visibilidad que tuvo la Presidencia Ejecutiva en los escenarios institucionales se tradujo en beneficios tangibles para los comerciantes? ¿Cuántos empresarios encontraron en esa administración un respaldo efectivo para crecer, conseguir nuevos clientes o superar las dificultades de sus negocios?

Eventos que dejaron cuestionamientos

La organización de algunos eventos también estuvo en el centro de las críticas. Las controversias por aspectos logísticos y de ejecución pusieron sobre la mesa la necesidad de evaluar la planeación, el uso de los recursos y la experiencia de los empresarios que participan en estas actividades.

Los eventos empresariales pueden convertirse en plataformas para vender, establecer contactos y promover productos regionales. Sin embargo, su éxito no debería medirse únicamente por la asistencia o la promoción institucional. Es necesario establecer cuánto costaron, qué resultados generaron y cuáles beneficios concretos recibieron sus participantes.

Además, entre los cuestionamientos de algunos comerciantes está el hecho de que, en actividades recientes, hayan tenido que pagar para participar, pese a mantener una relación económica con la entidad.

Cobrar por un espacio en una feria no constituye, por sí mismo, una irregularidad. Lo que sí merece explicación es qué recibe el empresario a cambio, cómo se fijan las tarifas y qué oportunidades comerciales ofrece cada actividad. Si la Cámara pretende ser una aliada del sector productivo, debe garantizar que sus programas respondan a necesidades reales y que sus condiciones sean transparentes.

Un error que costó $60 millones

Victoria Valderrama, quien se desempeñaba como directora de Planeación de la Cámara de Comercio de Ibagué, fue desvinculada el 2 de marzo de 2026 por decisión del presidente ejecutivo, Carlos Hernando Enciso. Según la información conocida, la Junta Directiva había pedido su salida por presuntas fallas en la planificación y ejecución de diferentes eventos durante 2025 y 2026. Sin embargo, la falta de una notificación oportuna sobre la terminación de su contrato a término fijo, que vencía en febrero de 2026, habría derivado en una indemnización de $60 millones a cargo de la entidad.

¿Por qué no se notificó a tiempo la terminación del contrato, pese a los cuestionamientos sobre su gestión? ¿Cómo se explica que una decisión administrativa terminara generando semejante costo? Y una pregunta más: ¿terminó Valderrama recibiendo un beneficio económico por un error que habría podido evitarse? Un caso que deja interrogantes sobre las decisiones de la dirección y el manejo de los recursos aportados por los empresarios.

Los empresarios siguen esperando

Esta es, quizás, una de las discusiones más importantes que deja la administración saliente: la distancia que algunos empresarios perciben entre sus obligaciones y el acompañamiento que reciben.

Los comerciantes necesitan asesoría, formación, conexiones comerciales, herramientas para digitalizar sus negocios y oportunidades para crecer. Para muchos pequeños establecimientos, acceder a estos servicios puede marcar una diferencia importante en su sostenibilidad.

Sin embargo, las inconformidades de quienes consideran insuficiente el respaldo de la Cámara plantean una pregunta de fondo: ¿está llegando el acompañamiento a quienes más lo necesitan?

La nueva dirección tendrá que demostrar que la institución puede acercarse más a los barrios, a los pequeños negocios y a los empresarios que no cuentan con grandes estructuras administrativas. No basta con convocarlos a eventos o invitarlos a escuchar presentaciones. Se necesita un acompañamiento que tenga continuidad, responda a sus necesidades y pueda demostrar resultados.

Una puerta de salida y muchas preguntas internas

Otro asunto que exige explicaciones es la salida de trabajadores durante los últimos años. Los señalamientos sobre la cantidad de personas que han dejado la institución desde la llegada de Enciso plantean interrogantes acerca de la estabilidad de los equipos, la continuidad de los procesos y el ambiente laboral.

La rotación de personal puede responder a distintas circunstancias y no demuestra, por sí sola, una mala administración. Pero cuando se acumulan cuestionamientos sobre las desvinculaciones y las condiciones de trabajo, la institución debe estar en capacidad de explicar qué está ocurriendo.

A esto se suman señalamientos relacionados con presunto acoso laboral. Se trata de asuntos que requieren ser atendidos por los canales correspondientes, con garantías para todas las personas involucradas y sin reemplazar las investigaciones por versiones sin verificar.

Si existen quejas formales, corresponde establecer su estado, las medidas adoptadas y las conclusiones de las instancias competentes. Y si las salidas continúan produciéndose, la Junta Directiva y la nueva administración deben examinar sus causas y determinar si hay problemas estructurales que necesitan solución.

La salida del presidente ejecutivo no resuelve automáticamente las dificultades internas. La verdadera prueba será comprobar si se producen cambios en el ambiente de trabajo, en la estabilidad de los equipos y en la forma de gestionar el talento humano.

El reto de reconstruir la confianza

La salida de Enciso representa un cambio en la dirección, pero no garantiza, por sí sola, que los cuestionamientos desaparezcan. La Cámara necesita mucho más que un relevo en la Presidencia Ejecutiva: necesita recuperar la confianza, revisar sus prioridades y demostrar que el interés empresarial está por encima de los protagonismos personales.

El nuevo capítulo debería comenzar con un balance público de la gestión anterior, información clara sobre los procesos jurídicos, una revisión de las condiciones laborales y una evaluación de los resultados de los programas y eventos. También debería incluir compromisos concretos para mejorar el acompañamiento a los empresarios, especialmente a los pequeños comerciantes.

La Junta Directiva tendrá un papel determinante. Su responsabilidad no termina con la salida de un presidente ejecutivo; también implica vigilar que la institución funcione con transparencia, independencia y criterios de gestión orientados al beneficio colectivo.

La salida de Enciso cierra un capítulo. El verdadero desafío comienza ahora: demostrar que la institución puede recuperar el rumbo y volver a estar, con hechos y no solamente con discursos, al servicio de quienes sostienen la economía regional.

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