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Ni un milagro salvó a Lara

El ministro del Interior sale del Gobierno de Abelardo de la Espriella tras apenas dos meses y medio en el cargo. Su reemplazo será Alejandro Ordóñez, una figura polémica cuya llegada promete aumentar las tensiones políticas.

Rodrigo Lara Restrepo dejó el Ministerio del Interior luego de apenas dos meses y medio en el cargo. Su salida, anunciada por el presidente Abelardo de la Espriella, vuelve a poner en entredicho la estabilidad de un Gobierno que llegó con la promesa de transformar la política nacional bajo el lema de la patria milagro.

La salida de Lara se produjo después del hundimiento del proyecto de ley del Presupuesto General de la Nación, un episodio que dejó en evidencia fallas en el trámite legislativo y que terminó por convertirse en un nuevo golpe político para la Casa de Nariño. El desenlace plantea interrogantes sobre la capacidad del Ejecutivo para construir acuerdos y sacar adelante sus iniciativas.

El relevo también deja una pregunta inevitable: ¿cómo puede un ministro encargado de una de las carteras más importantes del Gobierno durar tan poco tiempo? Aunque no está claro si Lara renunció por iniciativa propia o si el presidente le pidió la salida, el cambio refleja las dificultades de una gestión que debía garantizar la interlocución con el Congreso.

Cuando fue anunciado el pasado 26 de junio, Lara generó expectativas por su trayectoria política y su experiencia legislativa. Algunos sectores lo veían como una figura capaz de tender puentes entre distintas fuerzas políticas. Sin embargo, su paso por el Ministerio terminó marcado por derrotas y dificultades para consolidar las mayorías que necesitaba el Gobierno.

Uno de los primeros tropiezos fue la elección de la presidencia del Senado, en la que el candidato respaldado por el Ejecutivo, Alfredo Deluque, perdió frente a Honorio Henríquez, del Centro Democrático. El resultado anticipó un escenario complejo para el ministro, cuya principal responsabilidad era precisamente mantener abiertas las vías de diálogo con el Legislativo.

A esa derrota se sumaron las tensiones entre el sector político de De la Espriella y el uribismo, dos fuerzas cuya relación resultaba determinante para los planes del Gobierno. Lara no logró disipar esas diferencias y el hundimiento del proyecto de Presupuesto terminó por agravar las dudas sobre su gestión política.

Pero el cambio de ministro no necesariamente resuelve los problemas que llevaron a su salida. La llegada de Alejandro Ordóñez al Ministerio del Interior plantea nuevos interrogantes, pues se trata de una figura con una trayectoria pública marcada tanto por su experiencia jurídica y administrativa como por las controversias que han rodeado algunas de sus decisiones.

Ordóñez, exprocurador general de la Nación, destituyó e inhabilitó en 2013 a Gustavo Petro, entonces alcalde de Bogotá. La sanción fue posteriormente revertida en el marco de las decisiones judiciales y de los pronunciamientos del sistema interamericano. Ese antecedente lo convirtió en una figura especialmente cuestionada por sectores cercanos al petrismo, que hoy tiene una presencia importante en el Congreso.

Su designación podría endurecer el ambiente político en lugar de facilitar los consensos que necesita el Ejecutivo. El Ministerio del Interior exige capacidad de negociación con partidos de distintas tendencias, especialmente en un Congreso fragmentado, donde los acuerdos resultan fundamentales para aprobar reformas y proyectos de ley.

Mientras se formaliza la posesión de Ordóñez, el ministro de Justicia, Iván Cancino, asumirá temporalmente las funciones de la cartera, según anunció el mandatario. La transición abre un nuevo periodo de incertidumbre en una dependencia clave para la relación entre el Gobierno y el Legislativo.

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